Ya son muchos los científicos que han comprobado que quien
desea sanar responderá de manera favorable aún a los placebos que no tienen
medicina alguna. El paciente que se autocastiga y quiere estar enfermo, muchas
veces en forma subconsciente, para expiar su culpa, no sanará. Es decir, hay un
factor mental importante en la causa de una enfermedad. Nada de lo aquí
señalado es nuevo. Lo novedoso podría estar en la forma de expresarlo. Intento
simplificar complejas enseñanzas y mostrarlas en un coloquial lenguaje. Lo hago
con la sana intención de cumplir lo prometido: "Compartir con otros el
Conocimiento recibido". Y poder destacar hechos que nos hagan recapacitar
y luchar con el fin de estar mejor, y por sobre todo ser mejor persona y de esa
manera ayudar a tener un MUNDO MEJOR, gracias a los buenos pensamientos que
logremos emitir.
Sin sentirme guía ni maestro de nadie, tan solo siendo uno
más de los 6.000 millones de seres humanos que actualmente habitamos la Tierra,
debo reconocer que tuve en suerte adquirir gradualmente un Conocimiento que
expandió mi mente, dejándome ver cosas más allá de los árboles que impiden a
otros apreciar el bosque. El Conocimiento es simple, son los hombres quienes lo
van haciendo complejo. Os muestro algo que para muchos será un nuevo
conocimiento, el cual, entonces, les puede resultar de gran ayuda, en especial
en los acelerados días que vivimos. Comenzad pues a asimilarlo.
Según Eddington, en la realidad científica la tierra no es
más que una mota de materia que da vueltas en torno a una estrella mediocre y
ambos objetos flotan a la deriva entre miles de millones de objetos estelares
más importantes. En cambio, para la realidad humana, la tierra sigue siendo el
centro del universo porque la vida que alberga es lo único importante que
existe, al menos para nosotros.
Señala el
Dr. Deepak Chopra que:
En el preciso
instante en que pensamos "estoy contento", un mensajero químico
traduce nuestras emociones, todas las células de nuestro cuerpo entienden
nuestro deseo de felicidad y se suman a él. El hecho de que podamos hablar
instantáneamente con cincuenta mil billones de células en su propio lenguaje
resulta tan inexplicable como el momento en que la naturaleza creó el primer
fotón a partir del espacio vacío. Las moléculas mensajeras son la expresión
material más fina de la inteligencia que puede producir el cerebro. La física
cuántica nació del afán por explicar estas regiones de apariencia paradójica
que se hallan en los bordes del espacio tiempo.
En la antigua
Grecia el filósofo Demócrito fue el primero en proponer que el mundo material
se compone de diminutas partículas invisibles que él bautizó como átomos, que
quiere decir "no divisible". Cuando Platón escuchó esta teoría
planteó una objeción que pronostica, con escalofriante claridad, la física
cuántica. Según el argumento de Platón, si pensamos que un átomo es una cosa,
entonces debe ocupar alguna cantidad de espacio y por tanto puede cortarse en
dos, para ocupar un espacio aún menor. Nada que pueda partirse en dos podrá ser
el elemento más pequeño del mundo material.
Mediante este
argumento impecable Platón demolió la posibilidad de que los ladrillos básicos
de la naturaleza sean partículas sólidas, no sólo el átomo, sino el protón, el
electrón y el quark. Según Platón el mundo surge a partir de formas perfectas
invisibles, similares a los cuerpos geométricos. Nadie puede decir con certeza
de qué está hecho un quark, pero, decididamente, no es un pedazo de materia
sólida, sus elementos constitutivos pueden bien ser simples vibraciones con
posibilidad de convertirse en materia y, en consecuencia, serán más pequeños
que lo pequeño.
Para ser como
el cuanto, el cuerpo no necesita lanzar sus moléculas a otra dimensión, basta
que aprenda a reagruparlas bajo nuevos patrones químicos. Son estos patrones
los que saltan de la inexistencia a la existencia.
Como todas las
células del cuerpo residen dentro del campo de la inteligencia, cada una de
ellas se alinea con el cerebro, que representa el polo norte magnético. Una
célula es como una pequeña protuberancia en el campo, mientras que el cerebro
es una gigantesca protuberancia. Sin embargo, cuando la célula le
"habla" al resto del cuerpo no resulta inferior al cerebro en cuanto
a la calidad de lo que dice. Al igual que éste, debe correlacionar su mensaje
con otros miles de billones, tiene que participar en miles de intercambios
químicos cada segundo y, lo que es más importante, su ADN es exactamente igual
al de cualquier neurona. En consecuencia, el más diminuto de los impulsos de la
inteligencia es tan inteligente como el mayor de ellos. Cada célula es un
pequeño ser vivo, "sabe" todo lo que sabemos, a su manera. El campo
silencioso de la inteligencia es nuestra realidad fundamental.
Si tenemos
actitudes positivas respecto de nosotros mismos, como parte de una terapia
planeada, obtendremos, como ha quedado demostrado, sólo éxitos en el combate
contra la enfermedad. El sistema mente-cuerpo que está a punto de vencer un
cáncer, debe saber que se está dando el proceso conveniente y que puede
comenzar a generar al mismo tiempo muchos más pensamientos positivos. El mundo
cuántico está constituido de posibilidades, no somos más que protuberancias en
un campo infinito e invisible. El mundo conocido de nuestros sentidos, de los
átomos y las moléculas, no se interrumpe abruptamente, sino que hay una
gradación imperceptible hacia una realidad diferente. En algún punto incierto
de esta gradación, una realidad de pronto se convierte en otra. Dos cosas que
parecen totalmente diferentes se pueden transformar la una en otra, a nivel más
profundo de la naturaleza. Los antiguos suponían que la realidad es diferente
según los diferentes estados de conciencia.
Fuente de informacion http://www.angelfire.com/de2/claudio/sanacion.hotmail



























